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La chompa de Evo

El jersey de alpaca que lució el líder boliviano ante Zapatero y el Rey es orgullo nacional, muestra de los tejidos de calidad que produce su país.

La visita del presidente de Bolivia, Evo Morales, dejará huella política y cultural. La estética que acompaña al nuevo discurso político boliviano ha sorprendido. Algunos han creído ver en el colorido jersey del presidente (chompa en Latinoamérica) un inadecuado protocolo, un gesto populista o, simplemente, una coherencia extrema con su propia trayectoria personal. Pero hay más. Morales ha escogido otra vía entre el trasnochado uniforme castrista y los anchos trajes de Chávez. Su chompa es orgullo indígena, democrático y nacional.Nada más potente en comunicación política que ver a empresarios, ministros, presidentes, y hasta reyes, agasajando, cuando no adulando, a un sencillo hombre con jersey... pero presidente de su país. Morales sabe lo que hace y es consciente de la dimensión mediática internacional de su imagen. La fuerza de su estilo puede convertirse en moda y en el principal atractivo del textil de Bolivia, donde existen climas ideales para la crianza de camélidos (alpaca y llama) y angora que producen una variedad de finas fibras de alta calidad reconocidas mundialmente y que representan el 25% de la exportación manufacturera. La alpaca es duradera, conserva su lustre natural y es impermeable y antiinflamable. Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú exportan textiles a Estados Unidos con arancel cero gracias a la ley de promoción comercial andina y de erradicación de la droga (ATPDEA), que ha concluido en el 2005, hecho que les lleva a adaptarse ahora a las nuevas condiciones de liberalización del comercio textil suscrito en la cumbre de la Organización Mundial del Comercio (OMC).El efecto Evo puede ser tan perdurable y auténtico como el tejido de su chompa. Su imagen ya es un nuevo icono político latinoamericano, como en su día fue el camacho de Marcelino Camacho. Manuel Vázquez Montalbán dijo una vez que "era el único jersey de consumo popular que había conseguido la misma fama que las minifaldas de Mary Quant". Todavía es pronto para evaluar la dimensión global del estilo del presidente, pero su apuesta no es un estilo casual, ni mucho menos improvisación. El protocolo político y empresarial ya puede ir comprendiendo que el hombre del jersey no se pondrá tan fácilmente la corbata como Lula. Sabe lo que está en juego y sabe jugar.

Vía: Antoni Gutiérez-Rubí. Asesor de Comunicación
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