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La inversión en renovables podría impulsar la economía tras la crisis sanitaria

“La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura”. Esta conocida frase de Albert Einstein resume a la perfección lo que cada vez piden más voces autorizadas: aprovechar el colapso global que ha provocado el coronavirus para repensar nuestra forma de vivir. Líderes empresariales, sindicales, políticos, ONGs y académicos están pidiendo que la reconstrucción tras la crisis sea verde, de manera que se pueda ligar la recuperación y el crecimiento económico a la lucha contra el cambio climático.
Pero es que, además, esta decisión puede ser beneficiosa no solo en términos de sostenibilidad y clima, sino que además podría tener un gran rendimiento económico. Según el primer gran informe sobre el futuro de la energía de la Agencia Internacional de las Energías Renovables (IRENA, por sus siglas en inglés), la inversión en electricidad “verde” podría acelerar el crecimiento económico después de coronavirus, generando un impulso de 98 billones al PIB mundial.
Los investigadores de la organización intergubernamental, fundada por Alemania, España Dinamarca y con sede en Abu Dabi, aseguran en el informe que una rápida ampliación de la infraestructura baja en carbono podría ser clave para revivir la economía mundial después de la pandemia. “La crisis de salud, humanitaria, social y económica desencadenada por la pandemia de coronavirus requieren una respuesta decisiva a gran escala“, señala el informe.
En sentido, las propuestas que presentan los autores del estudio para una mayor inversión en energías renovables “prometen más empleos, un mayor crecimiento económico, condiciones de vida más limpias y un bienestar significativamente mejorado“. Para empezar, el despliegue de energías renovables a escala cuadruplicaría el número de empleos en energía limpia hasta los 42 millones en todo el mundo para 2050. De esta manera, los empleos en la industria energética alcanzarían más de 100 millones para mitad de siglo, es decir, 40 millones más que hoy y siete millones más que bajo las previsiones actuales.
En cualquier caso, según las estimaciones del IPCC, el mundo está en camino de más de tres grados de calentamiento para finales de siglo si no se actúa de manera decisiva. Los autores del informe consideran que aumentar el despliegue de energías como la eólica o la solar y mejorar la eficiencia frenaría este calentamiento de manera decisiva y permitiría llegar a los objetivos fijados en el Acuerdo de París.
La IRENA afirma que la inversión en energías renovables tendría también consecuencias positivas en otros ámbitos. Por ejemplo, una transición energética permitiría también mejorar la calidad del aire en todas las regiones del mundo, impulsando la salud pública y reduciendo el gasto en atención médica. Actualmente, la contaminación del aire causa siete millones de muertes prematuras por año, según la Organización Mundial de la Salud.
Además, aunque el plan de IRENA costaría unos 19 billones de dólares más que las estrategias actuales, el informe insiste en que el gasto “se amortizaría por sí solo”. Esto se debe, según los cálculos del estudio, a que un movimiento hacia la energía verde podría generar un impulso de 98 billones al PIB mundial de aquí a mediados de siglo, es decir, un 2,4% más que su trayectoria actual.
“Tras el coronavirus, los gobiernos no van a disponer de todo el dinero que necesiten. Entonces van a tener que priorizar “, ha asegurado a Reuters el director general de IRENA, el italiano Francesco La Camera. “La pregunta es dónde van a priorizar. Y hemos demostrado que las energías renovables son la mejor manera de producir buenos empleos, la mejor manera de impactar en el PIB“, ha explicado.

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